Pandemia

Érase una vez, un barco que navegaba por un mar más o menos estable. Un barco que tenía los diferentes rumbos establecidos.

Un día, empezó una tormenta, una tormenta catastrófica, una tormenta desconocida, una tormenta que no sabía cómo esquivar. Sus velas se rompieron, sus motores se pararon, sus maderas empezaron a desclavarse.

El barco no podía avanzar, todo era diferente, ya no podía reunir a gente en él, ya no podía ser tan nuevo, ya no podía navegar a su ritmo.

Cuando la tormenta parecía que iba a desaparecer, llegó el aire, la ventisca, y empujó al barco de una manera muy violenta, muy rápida. El barco seguía siendo guiado sin control, viendo los lugares que tanto había deseado visitar, si, pero de pasada, sin poder disfrutar de ellos, no tenía planeado que fuera así. Su fuerza era controlada por la ventisca, y sus maderas seguían desclavándose y también se estaban pudriendo.

 

Érase una vez, un barco que navegaba por un mar más o menos estable. Un barco que tenía los diferentes rumbos establecidos.  Un día, empezó una tormenta, una tormenta catastrófica, una tormenta desconocida, una tormenta que no sabía cómo esquivar. Sus velas se rompieron, sus motores se pararon, sus maderas empezaron a desclavarse.

 

Después de varios días en el que barco quedó agotado, por fin se adaptó a esa rapidez, a ese cansancio. Llegó el silencio, silencio que le hizo ver que había desatendido sus objetivos, que no se había cuidado, solo había dejado que le cuidaran y había servido a los demás, el silencio que le aportó nuevas sensaciones y el sentir la independencia.

De pronto, llegó el sol, con el sol la tranquilidad. Pensó que todo había vuelto a su ritmo, hasta que se dio cuenta que había demasiado sol, que el agua no tenía movimiento alguno, que todo se había parado.

Ahora tenía que ir muy despacio, tan despacio que parecía que no se movía. Y pensó… si lucho contra lo que la naturaleza me está diciendo terminaré destrozado y en el fondo del mar. Y pensó… Ahora voy a adaptarme, y disfrutar el presente, puesto que ya no será nada como antes, pero yo puedo seguir con mi rumbo, de manera distinta, pero puedo seguir, solo tengo que rehacer mis rutas, montar a menos gente, y sobre todo tener paciencia para llegar a los destinos.

 

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